Asturias fue un lugar bastante peligroso para los animales esmirriados

¿Han intentado seguir el rastro de un animal alguna vez? Es difícil, sobre todo cuando ya ha transcurrido bastante tiempo desde su paso. Eso no me desanima: estoy decidido a recorrer la costa de Asturias entre Villaviciosa y Ribadesella en pos de unas huellas impresas hace casi doscientos millones de años. Son icnitas de dinosaurio, 446 pisadas fósiles repartidas entre nueve yacimientos. La mayor tiene 1,25 m de diámetro, una barbaridad. Se entiende que la zona se conozca como Costa de los Dinosaurios.

El territorio que hoy llamamos ‘Asturias’ estuvo parcialmente sumergido bajo el mar durante el período jurásico, mientras el resto del actual Principado fue una marisma formada por bosques de araucarias, un entorno idóneo para que los grandes saurios encontrasen refugio y alimento, tanto si eran carnívoros como herbívoros.





Playa de Merón, en el municipio de Villaviciosa, Asturias.
Playa de Merón, en el municipio de Villaviciosa, Asturias.
(Matthias Ripp – Flickr)



Mi primer contacto con ese pasado remoto lo tengo en la playa de Merón, en el municipio de Villaviciosa. La cala no es muy grande, tiene forma de concha y está hecha de grava y arena blanca, con arbolillos que llegan hasta cerca del agua. Un breve paseo de 600 metros junto a la base del acantilado conduce hasta un estrato de arenisca donde se han impreso 12 huellas de estegosaurio con claridad.

Esos animales tuvieron el tamaño aproximado de un autobús actual, fueron más bien pequeñitos para la época. Se caracterizaron por un lomo bastante arqueado, unas patas delanteras más cortas que las traseras, y por un recubrimiento de placas y espinas con el que disuadían a otros saurios mayores, ávidos de zampárselos. El yacimiento también acoge algunas icnitas de dinosaurios bípedos.


El territorio que hoy llamamos ‘Asturias’ estuvo parcialmente sumergido bajo el mar durante el período jurásico





El cercano pueblo marinero de Tazones presume de ser uno de los más hermosos de España. No le faltan argumentos, sus casitas blancas encaramadas en las laderas parecen a punto de precipitarse sobre el Cantábrico. Llama la atención que este rincón tan minúsculo fuese el elegido por el rey Carlos I para desembarcar en la península Ibérica cuando llegó desde Flandes para asumir las coronas de Castilla y Aragón. El suceso me fascina, pero lo paso por alto esta vez porque acudo por otro motivo: quiero ver las huellas de dinosaurios terópodos que hay en el borde oriental de la playa local.





Tazones, Asturias
Tazones, Asturias
(Sima_ha / Getty Images/iStockphoto)



Este es uno de mis subórdenes preferidos, ya que son los antepasados de las aves actuales y, por otra parte, incluyeron al mítico tiranosaurio. Originalmente fueron carnívoros muy voraces, pero con el tiempo, algunas especies devinieron piscívoras, insectívoras, omnívoras e incluso herbívoras. Ya ven que los terópodos se esforzaron para adaptarse a un mundo cambiante, aunque no sobrevivieran al fatídico impacto de un meteorito hace 65 millones de años. Algunas de las huellas presentes en Tazones pertenecen a un mismo individuo, forman un ‘rastro’, y ese es un hecho poco habitual.

Muy cerca del pueblo está el faro de Tazones, instalado 127 m sobre el nivel del mar y activo desde 1864. De él parte un caminito que conduce a otro yacimiento, este con multitud de icnitas tridáctilas que se cruzan en varias direcciones. También hay la huella del arrastre de una cola, un suceso singular porque la mayoría de los dinosaurios caminaban con la cola erguida, les ayudaba a mantener el equilibrio. Unos 60 m más allá hay otro conjunto de icnitas.





Lastres , Asturias
Lastres , Asturias
(PhotosTime / Getty Images/iStockphoto)



Los acantilados de Luces forman uno de los paisajes más grandiosos de la costa asturiana: son paredes con más de 100 m de altura, contra las que el Cantábrico rompe con estruendo cuando hay tempestad. Están cerca del pueblo de Lastres, y el encanto paisajístico no es su único motivo de interés: un yacimiento algo esquivo se oculta al pie del precipicio. Incluye diversos grupos de icnitas de terópodos, si bien el vestigio que más atrae mi atención es un rastro de saurópodo, formado por tres huellas de gran tamaño. Aún se distinguen los dedos del animal, a pesar del desgaste causado por la erosión marina.

El pueblo de Lastres tiene una larga tradición ballenera, el aceite que aquí se obtenía de los cetáceos iluminó la catedral de Oviedo durante siglos. Los intrépidos pescadores locales también capturaron más de un calamar gigante, pues esos animales habitan la profunda fosa que se abre frente a esta costa.





Icnitas de dinosaurios, subhuellas en Tazones
Icnitas de dinosaurios, subhuellas en Tazones
(Banco de Imágenes Geológicas – Flickr)



Las expectativas de mi visita, sin embargo, son otras: deseo explorar las icnitas que alberga el acantilado bajo el mirador de San Roque. Son 14 huellas tridáctilas de reducido tamaño, con unos 13 cm de longitud media. Las creó un ornitópodo pequeñito. Curiosamente, las últimas seis huellas están más separadas, un hecho que permite deducir que el dinosaurio había acelerado el paso. De hecho, la rapidez fue la defensa más eficaz para un género que rara vez pasaba de los seis metros de altura y carecía de un cuerpo acorazado. Como rasgos más originales atesoraron tres dedos en las patas, como las aves actuales, y un aparato masticador complejo y evolucionado.

El pueblo de Colunga se arracima entre la sierra del Sueve y el mar, en una escueta franja de tierra verde. El núcleo es una referencia mundial para los estudiosos de los dinosaurios, debido a una institución fabulosa: el Museo del Jurásico de Asturias (MUJA) Sus fondos tienen varios miles de fósiles, incluidas 150 icnitas, 200 restos de vertebrados, más de 100 fósiles vegetales, 11 fragmentos de troncos petrificados y unos 6.000 restos de seres invertebrados. Su colección pasa por ser una de las más completas y didácticas del mundo.





Museo Jurásico de Asturias
Museo Jurásico de Asturias
(MMV / manuel m. v.- Flickr)



El MUJA muestra la evolución de la vida, con el tiempo como hilo conductor. La instalación aborda desde los inicios de la Tierra hasta la llegada del hombre, con una atención especial al mesozoico o era de los dinosaurios, y a sus tres períodos: triásico, jurásico y cretácico. Ese triple protagonismo se proyecta en el mismo edificio, cuya planta reproduce la forma de una huella tridáctila; cada dedo corresponde a un período.

El creador fue el arquitecto Rufino García Uribelarrea, quien proyectó el interior con un entramado de arcos de medio punto que simula el costillar de un dinosaurio. El MUJA incluye dos reproducciones de dinosaurios a tamaño real.


El MUJA aborda desde los inicios de la Tierra hasta la llegada del hombre





En el mismo municipio de Colunga está la playa de la Griega, allí donde desemboca el río Libardón. El espacio alberga un yacimiento paleontológico muy popular, por su facilidad de acceso y porque incluye una de las mayores huellas de saurópodos del mundo: tiene 125 cm de diámetro. Imaginen el tamaño del animalito. También hay varios grupos de icnitas desgastadas por el mar: impresiones de las patas delantera y trasera de un dinosaurio cuadrúpedo; diversas huellas de terópodos; otras icnitas de grandes dinosaurios saurópodos…





Icnitas en la playa de la Griega, Asturias
Icnitas en la playa de la Griega, Asturias
(Banco de Imágenes Geológicas – Flickr)



Mi siguiente parada es en la playa de la Vega, un extenso arenal declarado Monumento Natural. El motivo es que tiene formaciones de dunas y, sobre todo, especies vegetales poco abundantes, como la mosquita dorada (Linaria supina), una planta herbácea que no crece en ningún otro lugar de Asturias. Al margen de la belleza paisajística y ecológica de la playa, me interesa la existencia de un yacimiento con tres icnitas y abundantes fósiles de origen marino, como braquiópodos, ammonites, belemnites…

El yacimiento del acantilado de Tereñes es otro de los más importantes de Asturias. Incluye cuatro rastros paralelos de ornitópodos, uno de terópodo y otro de estegosaurio, este con huellas de patas delanteras y traseras. El total de huellas es bastante grande, e incluye rastros creados por varios dinosaurios que marchaban juntos.

Pisadas de dinosaurios en el acantilado de Tereseñes
Pisadas de dinosaurios en el acantilado de Tereseñes
(Herbythyme vía Wikimedia Commons)



Acabo mi recorrido jurásico en la playa de Santa Marina, en Ribadesella. En el extremo oeste del paseo que festonea el arenal, un didáctico panel informa sobre los tesoros del pasado que este conserva. Recorro la avenida mientras contemplo los primeros fósiles. Proceden de cuando el mar cubría esta parte de Asturias. El final del paseo hacia el oeste deja paso a una serie de acantilados con abundantes icnitas de dinosaurios, tanto de contorno ovalado, dejadas por dinosaurios cuadrúpedos, como de forma tridáctila, hechas por bípedos. Las primeras icnitas aparecen en la misma bajada del paseo hacia el acantilado. Luego, unos 800 metros más allá, varios rastros de dinosaurios cuadrúpedos y algunas huellas de terópodos me llenan de emoción.

Playa de Santa Marina en Ribadesella
Playa de Santa Marina en Ribadesella
(LUNAMARINA / Getty Images/iStockphoto)



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