Algunos de los castros más espectaculares de España, despoblados tras otra pandemia


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Nunca hay nada nuevo. Tampoco las pandemias. La despoblación de los castros del norte, en época romana, se debió principalmente a pandemias como la antonina, durante el reinado del emperador Marco Aurelio (siglo II), que murió debido a ella. Los romanos construyeron puentes y calzadas por las que desfilaban las tropas que trajeron la epidemia que asoló algunos castros. Los legionarios se contaminaron luchando contra los pueblos bárbaros del norte de Europa. Se cree que hubo unos cinco millones de muertos. Hispania, donde quedaron deshabitados algunos castros por todo el norte, no fue una excepción. Después de la peste antonina hubo otra en el siglo III: la plaga de Cipriano, y el golpe de gracia lo dio a mediados del VI la peste justiniana.

Los más conocidos castros (poblados fortificados) son los gallegos, pero los hay también -algunos muy importantes- en Asturias, Cantabria, León y Zamora. Los que comentamos son todos monumento histórico, declarados Bien de Interés Cultural, pero hay muchos más.

Castro de Troña

Castro de Troña
Castro de Troña

Cerca de Ponteareas (Pontevedra). Es el clásico ejemplo de despoblación debido a la pandemia del siglo II propagada por los legionarios romanos. Se descubrió a principios del siglo XX, aunque entonces se abandonaron los trabajos, reanudados en los años ochenta. Es muy espectacular y está a cuatro kilometros del balneario de Mondariz, cuyas aguas ya fueron utilizadas por los romanos. Es de los más antiguos del norte ya que se remonta al siglo IV a. C.. Tuvo su esplendor hacia los siglos I a. C. y II d. C.. Se conservan unas 30 construcciones con muralla, foso y un torreón. Destaca un petroglifo con serpiente (serpe de Troña) sobre un antiguo altar de sacrificos.

Castro de Elviña

Castro de Elviña
Castro de Elviña

Cerca de La Coruña. Quedó deshabitado debido a la pandemia del siglo II, aunque se repobló dos siglos más tarde y aguantó hasta el siglo VI. Se comenzó a excavar en los años cuarenta, y fue en los ochenta cuando se realizaron los principales descubrimientos. Tras años de olvido se volvió a estudiar en 2015. Está en gran parte sin excavar.

Castro de Borneiro

Castro de Borneiro
Castro de Borneiro

En Cabana de Bergantiños (La Coruña). Estuvo habitado desde el siglo IV a. C. hasta finales del siglo I. Se descubrió en 1924: el primer castro gallego en ser estudiado y no tiene signos de romanización. Se compone de viviendas circulares o cuadrangulares con esquinas redondeadas, y se conserva parte de la muralla defensiva. La investigación seria comenzó a partir de los años ochenta. El 24 de julio se celebra lo que se conoce como «Castro Animado», con diversas actividades.

Castro de Santa Trega

En A Guarda (Pontevedra), en la desembocadura del Miño. De grandes dimensiones, es el más emblemático -y el más visitado-, importante lugar arqueológico. Tuvo su esplendor en el I a. C.. Dos siglos después comenzó su abandono y en el V fue ocupado de nuevo. Los romanos redondearon las esquinas de las viviendas y hay numerosos petroglifos mucho más antiguos. Se descubrió en 1913 al construir una carretera.

Castro de Chano
Castro de Chano

Castro de Chano

En Peranzanes (El Bierzo leonés). De finales del siglo I a. C., fue abandonado un siglo después. Está muy bien conservado. Los últimos trabajos han puesto al descubierto unas 20 viviendas circulares (que recuerdan a las actuales pallozas de los Ancares), así como recintos amurallados y fosos. Hay un Centro de Interpretación.

Castelón de Coaña

En Asturias. Es el más famoso del Principado (de los más de 200) y el primero en ser descubierto en el siglo XIX. Sus orígenes se remontan al siglo IV a. C. y se alza sobre una colina rodeada de una muralla que protegía unas 80 cabañas, con plazas, calles y un torreón. A pesar de su importancia se abandonó en el siglo II, en la pandemia.

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