Pepe Luis Vargas volvió a nacer tras arrancarle la femoral el toro «Fantasmón»

Sevilla
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«Hace treinta y tres años volví a nacer gracias a Dios y a don Ramón Vila», recuerda este jueves el torero Pepe Luis Vargas en su cuenta de twitter tras esa cornada escalofriante que le infirió un toro de Joaquín Barral un 23 de abril de 1987 y que truncó muchas de las esperanzas de este fino diestro astigitano que, por los avatares del toreo, se vio condenado a hierros duros y a corridas de poco relumbrón como la que ese año abría la Feria de Abril.

Era el quinto de la tarde y Pepe Luis Vargas se fue a la puerta de chiqueros a recibir a su segundo, que se frenó, amagó e hizo por el torero en una cornada cuyo auténtico alcance se percibió en los tendidos de La Maestranza cuando un manantial de sangre fue desde el muslo del gladiador de Écija hasta su cara y cantó bien a las claras que el cornalón era de caballo: Vargas tenía la femoral rota.

Mientras Curro Puya, de la estirpe de los Gitanillo de Triana, le hizo el quite y se hizo con el toro, el torero, cuyos intentos por levantarse fueron baldíos, fue recogido en el albero de La Maestranza y llevado a la enfermería de la plaza de toros, donde le esperaba el cirujano jefe de la plaza de toros, Ramo Vila, junto al equipo que pudo sacar adelante al torero de Écija.

Allí, en la camilla, Vargas sentenció una de esas frases que han pasado al habla popular por su rotundidad y su fondo, no en balde el torero astigitano llevaba ya muchos años queriendo ser figura del toreo y, desde un concepto clásico y alegre, con el sello de la gracia y el buen toreo definitorios de la escuela sevillana, se había visto abocado a aceptar corridas a a contraestilo con las que intentar enderezar su carrera.

«Tanta lucha, tanto entrenamiento, pa ná», sentenció Pepe Luis Vargas en la lucidez dulce, el sopor, de la falta de sangre cuando estaba tumbado en la camilla y le estaban quitando las taleguillas para ver cómo le podían meter mano a aquello tan importante con lo que se encontró Ramón Vila y su equipo de cirujanos y especialistas en salvar lo impredecible, las trayectorias de la cornada de un toro, de «Fantasmón»’.

En esa enfermería estaba en manos de los médicos todo el mapa vital y profesional de un torero forjado en las duras, que tuvo su momento de mayor gloria en la Feria de San Miguel de 1985 y que, desde ese momento, tuvo que sortear algún que otro gañafón de despachos antes de anunciarse en ese abril con los toros de Barral en un cartel que completaron Francisco Ruiz Miguel y Curro Durán.

Vargas se recuperó de la cornada, volvió al año siguiente para torear treinta corridas de toros, aunque el apoyo de Juan Antonio Ruiz «Espartaco», máxima figura del toreo en ese momento, no fue suficiente para que el diestro astigitano torease enn buenos carteles en la siguiente porque su pierna derecha no daba para más y dijo hasta aquí hemos llegado desde que tomó la alternativa un 15 de abril de 1979 de manos de Curro Romero con Manuel Ruiz «Manili» de testigo.

Del carácter luchador de Pepe Luis Vargas dan fe toda clase de vicisitudes posteriores por las que tuvo que pasar, su lucha incansable al frente de la escuela taurina de Écija de la que «ha sacado» matadores de toros como Miguel Ángel Delgado o Ángel Jiménez; y otra de las cornadas que ha superado, el cáncer que le fue detectado en 2014 y por el que dijo que le quedaba un año de vida.

Tampoco fue de ésa, y Vargas se embarcó en otros proyectos hoy varados por el coronavirus, como su apuesta por Juan Ortega, un ingeniero agrónomo de Córdoba que encarna uno de los toreos mas puros del escalafón, lo que le ha hecho triunfar en Madrid y estar anunciado en la Feria de Abril de Sevilla de este año en el que Pepe Luis ha cumplido treinta y tres desde lo de «Fantasmón».

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